martes, 1 de octubre de 2019

El Comandante de la policía

Foto: Indira Carpio Olivo / 2016

Por: Ernesto J. Navarro

Tenía 19 años y ya cargaba encima el traje de “reportero” (aunque sin graduar).

Había hecho un período de pasantías en el diario El Informador de Barquisimeto y me topé con un jefe al le dio nota mi forma de escribir. Por eso me dejó hacer casi lo que me dio la gana.

Entonces, cuando me aparecí a pedir trabajo en el diario El Regional del Zulia, una vez terminadas mis pasantías formales que ordenaba la universidad, el jefe que me atendió quedó “impresionado” (me dijo), por “el tipo de reportajes” que le estaba mostrando.

Quiero “eso que escribes” para el periódico, me dijo, mientras me llevaba del brazo a la sala de redacción.


sábado, 14 de septiembre de 2019

Una buena batida

Edén Cadenas, sanadora. / Foto: Mariana Navarro

Por: Ernesto J. Navarro

-¡Ernes! -me dijo Indira- (Bueno, ella me dice así, sólo ella... por cariño. Bueno, a veces, en privado... Vainas de nosotros. No sé pa' que lo cuento) ya se te va quitar todo. Te van echar una buena batida.

Pelé los ojos.

-¡Verga, Indi! ¿cómo así? ¿Y tú estás de acuerdo? -indagué con temor.
-Vente, que ella te está esperando ya... -dijo agarrándome de la mano.


domingo, 8 de septiembre de 2019

El ocho

"Esperando los papeles" / Foto: Mariana Navarro

Por: Ernesto J. Navarro

Cuando circulaban los billetes de 500 bolos, esos que tenían una orquídea dibujada en el reverso, yo no tenía ni carro, ni edad de manejar.

Pero recuerdo con suma claridad los cuentos sobre los policías o fiscales de tránsito que matraqueaban pronunciando la célebre frase: “orquídeate a la derecha”. Acto seguido, el chofer pelaba por el billete de 500 y seguía con su camino.

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A pocos metros de la alcabala que está en el límite de los estados Barinas y Portuguesa, sobre la Autopista José Antonio Páez, pillé la actitud de la mujer policía.
-Va a pararme, -le dije a Indira.
-Pero es que te paran porque tú pones cara de cagao, -sentenció ella.

La uniformada dio dos pasos hacia nuestro carro, levantó el brazo izquierdo a 45 grados y abrió la palma de la mano. Yo reduje la velocidad, y vi como la chica me señaló con la boca (haciendo trompita) que me parara a la derecha.


jueves, 5 de septiembre de 2019

Gasolina

Atardecer en el submarino amarillo / Foto: Camila Navarro

Por: Ernesto J. Navarro 

-¿Qué pasa? ¿qué pasa? -Preguntó con temor en los ojos.
-Indi, nos quedamos sin gasolina...
Las niñas preguntaron lo mismo y respondimos a coro
-Tranquilas, que ya vamos a resolver.

Había caído la noche, cerrada y tenebrosa. Cuando uno está en tinieblas y en tierras de Portuguesa, no puede menos que asustarse. Recordé, en esa oscurana, los cuentos del Silbón, la Sayona, los fantasmas de las mujeres vestidas de novia que se suben a los carros o, mucho peor, esos espantos contemporáneos a los que mientan piratas de carretera.

Es aquí cuando la frase “no entra ni una aguja en el culo”, cobra todo el sentido del mundo.

Debo aclarar que siempre he sido valiente, a menos que me quede sin gasolina a más de 400 km de casa, a las 8 de la noche, con las hijas pequeñas en el carro, y en una ciudad donde llenar el tanque puede tardar de uno a tres días.

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-Aló, servicio 911-Portuguesa, buenas noches, -dijo una mujer que atendió mi llamado.
-Hola, me llamo Ernesto. Me acabo de quedar sin gasolina, está oscuro. Viajo con mi esposa y 4 niñas...
-Señor, señor. Cálmese. Dígame dónde se encuentra.
-Esto se parece la casa del Silbón... Estoy debajo de unos árboles.
-Eso no me dice nada, señor.
-A mí tampoco, mija, pero es la verdad. Está oscuro y no hay ni un malayo aviso de Polar. Eso quiere decir que no hay rastros de civilización en el perímetro.
-Empecemos de nuevo, señor.
-Bien. Fíjese, yo salí de mi casa a viajar con mis hijas hace una semana...
-Señor, señor. No tan lejos.
-Ok. Partimos de Mérida a las 9 de la mañana...
-Señor. Hace 10 minutos...
-Ah!!! Hace 10 minutos, mija, no estaba tan asustado, quizá por eso desvarío. Acabo de dejar Acarigua y voy rumbo a Barquisimeto, -le apunté.

No estaba mintiendo. No sabía dónde estábamos varados. Era algún punto entre Acarigua y Barquisimeto, debajo de un túnel de árboles y fingiendo control para que las hijas confiaran en que íbamos a resolver lo que fuera. Era la primera vez que transitábamos por esa ruta.

La mujer del 911 intentó calmarme:

Elementos #20 / Sexo



"...amo tu sexo mujer,
no creo en nada si no hacemos el amor"
(Luis Alberto Spinetta)

Sus ojos eléctricos
gritan sin parpadeo
exigen
y yo abro la boca las manos
su aliento
hace hervir
sangre y saliva

a oscuras
(divina genuflexión)
empuño sus caderas
ella mis cabellos
controla
guía hacia la fuente húmeda
que sacia
y sorbe
sin pausa los latidos

tiembla
empina poros
tiembla
yergue pezones
tiembla
perfila uñas
tiembla

traga palabras
poemas que nadie conoce
que interpreto
levita
y luego
hay un segundo
donde todo silencio ocurre
¡estalla!.. en mis dedos
cuelga su ropa negra
en los suyos
mi cordura

llama
come de mi carne
comemos
en vilo nos acoplamos
también las pulsaciones

toda mi cara
cabe en sus manos
el universo
las olas

sus ojos eléctricos
gritan
ordenan
abro la boca...
y en ella la vida. 


Ernesto J. Navarro

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De la Serie: Adymus, poemas de los elementos.
Inédito de Ernesto J. Navarro.

Elementos #18 / Palabras


Busco
la hoguera y la flor
hermosas palabras
cualquier palabra

marchan por otros caminos
las veo de lejos
altivas / imperturbables

sé de esos términos
puedo pronunciarlos
los conozco en varios idiomas
pero
avanzan
no voltean
no hablan

yo
las tacho
las rompo
me siento carnada
y no el que pesca
son
daga y aguijón
sangre y saliva
graves / agudas
mezquinas

quisiera
mandarlas a la mierda
porque aunque escape
llevo conmigo
vocablos inútiles
simples sonidos
que van
a una tierras de bostezos. 



Ernesto J. Navarro
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De la Serie: Adymus poemas de los elementos.
Inéditos de Ernesto J. Navarro.