jueves, 5 de mayo de 2011

Torturas buenas y malas



Que poco le duro la fiestecita al premio nóbel de la paz (de los sepulcros) Barack Obama. Lo mismo que los “cohetones” que se lanzan en navidad, la supuesta muerte del líder de Al Qaeda, fue una explosión ruidosa tras la cual solo quedó una estela de espeso humo.
           
En el mundo entero hay más dudas que certezas sobre esta operación militar de los cuerpos élites del ejército estadounidense. Nadie puede asegurar que Osama Bin Laden estuviese en Pakistán, o que no haya muerto antes cuando lo mató Bush o que siga vivo o que al menos existiera. La única fuente de la noticias, como no… es el gobierno de Estados Unidos y la “palabra” de su presidente.

A lo interno de ese país, donde Bin Laden ahora mete más miedo que Jack, El Destripador, Obama se convirtió en el nuevo Superman Negro que USA necesitaba.

Un sondeo realizado por el Washington Post, junto a la cadena televisiva CNN en base a consultas telefónicas el lunes por la noche, daba cuenta del aumento de la popularidad de Obama, la cual llegó al 56%, lo que se traduce como un aumento de nueve puntos porcentuales. “Toda una operación de relaciones públicas”, opinó el profesor James Petras. Operación que, se calcula, sea trampolín a la reelección presidencial.
           
Pero las incongruencias de sobre la “muerte de Bin Laden” hicieron que algunos funcionarios de la administración Obama hablaran de más; de temas que para los estrategas gringos sobraban en la historia.

Resulta que ahora el debate sobre la tortura como herramienta de uso común por Estados Unidos, le entibia la celebración a la Casa Blanca. Por varias razones, una de ellas es que el gobierno de Obama nunca se ha deslastrado de manera firme del tema de la tortura. De hecho, el último secretario de defensa de George Bush, mister Robert Gates (el papá de los torturadores), continuó en funciones con la gestión demócrata del presidente negro.

A esto se suma que Leon Panetta, quien acaba de brincar de la dirección de la CIA a la secretaría de Defensa, reconoció que la tortura a los prisioneros (ilegales) de Guantánamo y de las cárceles secretas de la “Agencia” contribuyeron, entre otras pruebas, a identificar al enlace de Bin Laden, conocido con el seudónimo de Abu Ahmed. ¡Cuanta eficacia para 9 años de persecución!

Entrevistado por el canal NBC, Panetta, agregó que las "técnicas de interrogación mejoradas" (eufemismo imperial para denominar a la tortura) habían sido utilizadas con algunos de los detenidos de la base que usurpa su país en territorio cubano.

Las denuncias sobre la aplicación de la asfixia simulada (waterboarding) o submarino, técnica de tortura predilecta del aparato de seguridad de Estados Unidos, ensombrece la victoria política, militar y simbólica de Obama, y le hace cojear con el lastre moral y legal heredado del gobierno de George W. Bush.

Los medios le recordaron a Barack Hussein Obama que los casos de torturas develados en la era Bush, se cuentan en votos de cara a la reelección. Este miércoles un artículo del diario The New York Times expresa que "…el ex presidente (Bush) y muchos conservadores sostuvieron durante años que las técnicas de interrogatorio con el uso de la tortura eran necesaria para persuadir a operativos de Al Qaeda para que hablaran".

Bush junior "utilizó duras técnicas para interrogar a los sospechosos de terrorismo, pero poco después de asumir el cargo, el presidente estadounidense, Barack Obama, ordenó poner fin a la práctica del submarino", aseguró Fox News. Sólo les faltó gritar: NO CAMBIE DE OPINIÓN SEÑOR Presidente, que eso le resta votos.

Pero, los defensores de estas: "técnicas de interrogación mejoradas", aun fuera del gobierno, amenazan y justifican. El exvicepresidente estadounidense Richard Cheney, salió de su ostracismo para defender las torturas al afirmar que quizás permitieron la muerte de Bin Laden. “Si esas tácticas tuvieron éxito en conseguir información para encontrar al líder de Al Qaeda, entonces deben seguir empleándose”, agregó.

Resumiendo cuentas. Si interpretamos a Panetta y a Dick Cheney, concluimos que en el mundo de Estados Unidos hay torturas buenas y malas. Pero ¿Cómo se mide eso? ¿Quién lo decide? Da lo mismo lo que usted o yo pensemos, siempre será Estados Unidos el que sentencie. Y siempre la de ellos será buena y la del resto de la humanidad: abusos contra los derechos humanos. (Y que conste que no estoy defendiendo la tortura)

Lo mismo sucede con el uso o abuso del término “terrorista”. No existe nada más difuso que esa palabra, tan de moda en la política exterior del imperio. Pero se la explico fácilmente. Un Terrorista es aquel que Estados Unido diga que es terrorista. Simple.

Entonces ya sabe quién es el juez en esta opereta y quiénes siempre seremos los acusados, siempre culpables y sentenciados… Muerto Bin Laden, bien valieron las TORTURAS para acabar con el TERRORISTA más grande de la historia.

 
Por: Ernesto J. Navarro
Periodista venezolano.-

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