miércoles, 19 de octubre de 2011

A la cárcel entran los pendejos

Entrevista / Profesor Andrés Antillano (1) / Parte III Final








Por Indira Carpio Olivo y Ernesto J. Navarro (*)

** Las ONG tienden a sustituir al Estado y a controlar a los sectores populares, llamándose apolíticas
** Las ONG utilizan los escenarios internacionales para tratar de perjudicar al país
** La hegemonía del imperio sobre los pueblos del mundo es cada vez es más débil
** ¿El derecho a la libre expresión es acaso el derecho de las corporaciones mediáticas?
** Las prisiones han muerto como proyecto, solamente quedan como refugio, como depósitos humanos
** La construcción de cárceles en todos los países conducen a lo mismo: más hacinamiento
** La población en prisión aumenta a medida que crece la desigualdad social, es una fórmula para criminalizar la pobreza
** Este es el gobierno que menos personas encarceladas tuvo y pasó a ser el que más personas envió a prisión
** En el año 1995 llegamos a tener cerca de 35 mil reclusos, en 2001: 12 mil y actualmente contamos con cerca de los 45 mil privados de libertad
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-¿Cuál es la función de una ONG?
-Las formaciones económicas y políticas que se dan en el mundo en los últimos 30 años hacen que las viejas formas de representación política (los partidos, los sindicatos) pierdan eficacia, eso es un patrón repetido en todo el mundo.
Existen partidos como forma de representación de algunos sectores, los sindicatos también viven una situación parecida y esto es una sunto universal. Frente a esta crisis de representación política de la democracia representativa aparcen dos grandes expresiones.
Por un lado las expresiones populares con sus propias formas de organización, como el estallido ocurrido el 27 de febrero de 1989 o las multitudinarias marchas atraídas por el presidente Chávez o el Movimiento Sin Tierra de Brasil, que son expresiones distintas, pero iguales en cuanto a la auto-organización popular.
En esta crisis de representación ya no se trata de los partidos, ni de los sindicatos sino de un sujeto plebeyo, insurgente que emerge. Ahora, del lado de la clase dominante y de las clases medias surge otra forma de resolver la crisis de la representación que algunos han llamado la sociedad civil, una categoría que se basa en un conjunto de premisas: el Estado de bienestar que es el socialdemócrata ya no tiene el comando de la sociedad, ni el de la política, no debe intervenir y debe dejarle a los ciudadanos el mercado y la libre iniciativa y el papel del Estado estará en manos de las fuerzas invisibles del mercado y en nuevas corporaciones que aparecen como sustitutivas de los viejos actores políticos, éstas no son más que las Organizaciones No Gubernamentales -ONG-.
En todo los países, sobre todo en los del tercer mundo, las ONG tienden a sustituir simultáneamente al Estado, a las viejas formas de representación política e intentar controlar a los sectores populares.

-Las ONG se dicen apolíticas ¿Cómo se come esto?
-Las ONG se hacen de un discurso “neutro”, “apolítico”, “anodino” que muchas veces pasan por registros como el desarrollo social, el desarrollo comunitario y el de los Derechos Humanos -DDHH- que son planteados como un discurso universal que no entiende la diferencia de clases.
El discurso sobre el desarrollo comunitario de las ONG no distingue entre la comunidad de La Florida (barrio rico) y la comunidad de Chapellín (barrio pobre).
Y el discurso de los DDHH en el que convierten en iguales, ante la ley, al habitante de La Florida y el de Chapellín que NO son iguales, más allá de lo que la ley contempla.
Entonces este discurso sobre los DDHH ha sido de algún modo despectivo para determinadas formas de dominación o legitimación, es un discurso profundamente liberal que en su tratamiento internacional muestra las profundas asimetrías y arbitrariedades porque se les presta atención a “organizaciones de DDHH venezolanas” que muchas veces han tenido una clara actuación, no solamente con la derecha política, sino que incluso han respaldado episodios de violación del marco jurídico venezolano y de los DDHH como por ejemplo el golpe de Estado del año 2002.
Muchas personas que aparecen ahora como adalides de los DDHH refrendaron el Golpe de Estado de Carmona, donde hubo muertos. Eso habla del carácter hipócrita de estas organizaciones.
Se les presta atención a las ONG venezolanas, mientras -por ejemplo- las organizaciones de DDHH colombianas denuncian a su gobierno, uno que los masacra y que mantiene el genocidio como forma de gobierno. Incluso asesina a dirigente de DDHH y esto es encubierto y desconocido por los organismos multilaterales.
Hay un tratamiento interesado, sesgado en el mismo discurso de los DDHH que expresan valores liberales, de origen burgués. En ese marco hay un tratamiento distinto cuando se trata de organizaciones autodenominadas de DDHH en Venezuela y organizaciones de DDHH en otros países del mundo donde hay gobiernos que son afines a los intereses que gobiernan el mundo.

-¿Las ONG responden a quienes los financian?
-Lo que ocurre es que las ONG en todo el mundo se han convertido -sin declararlo- en actores políticos, han ocupado junto a la empresa privada, los “think tank”, algunas élites académicas y los medios de comunicación, relegando a los viejos partidos en la defensa de los intereses de los sectores económicos, de los sectores dominantes.
Eso ocurre en todos lados, incluso entre los académicos. La intelectualidad de ahora no es como la vieja escuela, que hace muchos años estaban comprometido con las luchas populares. En el mundo ésta es una especie en extinción y más bien se ven como los portaestandartes en la defensa de los intereses de los poderosos.
Pero al igual que las ONG, lo que ocurre con los intelectuales, con los medios de comunicación e incluso lo que pasa con los empresarios es que no reconocen su actuación política (que tienen derecho a tenerla, pero no la reconocen y la encubren) y pretenden convertir sus intereses en universales.
En el campo del derecho a la información, de la libertad de expresión no conozco ninguna ONG (incluso amigos académicos que militan en esa área) no la defensa de la política comunicacional del gobierno bolivariano, sino plantearse que frente al monopolio privado y del Estado frente a los medios de comunicación, el pueblo no tiene acceso a estas formas de comunicación, tanto por la vía de la expresión como por la vía de la contraloría de lo que se dice, entendiendo que la comunicación es un bien público.
Eso no se plantea porque estas organizaciones defienden determinados intereses. No reconocen que están defendiendo los intereses de una clase y para ello usan el discurso de los DDHH que les sirve para disfrazar su discurso reaccionario con un discurso universal.

-¿Todas las críticas de las ONG venezolanas al gobierno bolivariano son mediadas por su interés de clase?
-Y creo que hay muchas críticas que hacer a Venezuela, al Estado venezolano y también muchos reconocimientos que hacer. Pero las mismas formas en las que actúan algunas ONG terminan por desacreditar a esas organizaciones. Se utilizan los escenarios internacionales para tratar de perjudicar al país.
Insisto que hay graves problemas de violencia que el Estado venezolano no es el único responsables, pero es uno de responsables en esto. Hay también un grave problema de impunidad, que es la misma impunidad que no castiga a los responsables del golpe de Estado en 2002 y que no castiga el asesinato del hijo de la señora María en el barrio, lo que hace inoperante a nuestro sistema de justicia. Inoperancia que tiene que ver con la corruptela, con los intereses de clase, que es justamente de lo que se acusa a la jueza María Afiuni, quien puso en libertad a un reo acusado de estafar a miles de ahorristas venezolanos, lo que sigue siendo una justicia de clases.
Yo no creo que haya que rechazar a los organismos multilaterales. Hay que dar la pelea para su transformación porque incluso los resultados del Examen Periódico Universal -EPU- hablan del control de las grandes potencias, como Estados Unidos en esas instancias, más allá de una unión monolítica.

- ¿Pero no rechazar estos organismos internacionales no es legitimar mecanismos de extorsión?
- No, porque la hegemonía del imperio sobre los pueblos del mundo es cada vez es más débil. Hay procesos de emancipación, de liberación, de conflicto que hacen que muchos países hayan apoyado a Venezuela en este foro. Yo creo que hay que transformar esos foros.

- ¿Cómo los cubanos?
- Si, como los cubanos, los bolivianos que a pesar de su enfrentamiento frontal contra las grandes potencias han sabido hacer el trabajo para revertir las reglas del juego. Yo creo que es posible y es el momento histórico para convertir a esos foros en verdaderos espacios democráticos de los pueblos y las naciones y que no signifiquen el control unilateral de un sólo país o de un conjunto de países sobre el resto del mundo.

- ¿Hay que proponer foros como la Alba?
- Si, pero no hay que abandonar estos espacios multilaterales.

- ¿No abandonarlos a pesar del que usted dice que están erosionados?
- Yo creo que hay que transformarlo a pesar de que están erosionados hay que transformarlos. Por eso es que hay que replantear el concepto liberal de los derechos humanos. Porque finalmente hay que señalar que los derechos humanos son políticos. Incluso el adjetivo de humano, no es una especie de naturaleza esencial, es una construcción política, somos animales políticos.
A menos que creamos que lo humano es una especie de creación divina, lo humano es lo que construimos política y colectivamente. Entonces los derechos humanos son derechos políticos ¿El derecho a la libre expresión es acaso el derecho de las corporaciones mediáticas? ¿El derecho a la educación es el derecho que tienen los dueños de colegios privados?
Incluso creo que hay que positivizar derechos que son negados, como el derecho a la ciudad que los excluidos de la ciudad plantean que la vivienda y le hábitat ya no pueden ser un negocio de unos pocos. También el derecho al cuerpo, que se niega al prohibir el aborto a las mujeres o el cambio de sexo a aquellos que lo deseen hacer. Incluso pensar los derechos como derechos políticos y hacer avanzar los derechos desde la perspectiva de los excluidos, los pobres, los marginados y no como un mecanismo de reproducción o dominación de las élites.

- El gobierno bolivariano creó un ministerio para ocuparse del tema carcelario. En su opinión ¿Ayudará este despacho a mejorar la situación de los privados de libertad?
- Debo decir que yo no simpatizo con la idea de un ministerio para el tema penitenciario. Porque ese tema no puede verse aislado del conjunto de políticas de “seguridad”. El tema de las cárceles no empieza en las cárceles. El problema no se resuelve creando más cárceles. Porque en la medida que construyamos más cárceles, esas mismas prisiones, a la vuelta de unos años, estarán atestadas de gente y reproducirán las mismas tragedias que ahora observamos.
La construcción de cárceles en todos los países conducen a lo mismo: más hacinamiento. Aunque muchas medidas hablan de la buena voluntad de las autoridades encargadas de la materia su impacto es escaso. El tema se resuelve con cada vez menos prisiones, enviando cada vez menos personas a las prisiones.

- Usted asegura que hay un problema de impunidad. ¿Cómo se explica entonces que ahora diga enviar menos gente a las prisiones?
- Justamente porque las cárceles nunca han sido, ni serán, un mecanismo de rehabilitación. Cada vez más se reconoce que las cárceles son un gran un depósito humano. Las cárceles en los términos de justificación, de su legitimidad, de la función que se le pretende hace mucho tiempo, perdió todo crédito.
Las prisiones han muerto como proyecto, solamente quedan como refugio, como depósitos humanos.

- ¿Cómo castigar entonces los delitos?
- Hay que crear medidas, penas alternativas a las cárceles y hay muchos esfuerzos en todo el mundo en esa dirección. No se trata de dejar sin castigo a los delitos.

- En Venezuela, ¿quiénes entran a las cárceles?
- En primer lugar los pobres. Jóvenes, entre 18 y 30 años, de sectores urbanos, con bajo nivel de escolaridad, desempleados o subempleados.
En segundo lugar por delitos que llaman “vagatelarios”, delitos de poca relevancia y en tercer lugar infractores detenidos en “flagrancia”. En conclusión, entran pobres y perdonen la expresión poco académica, “pendejos” que se dejaron atrapar.
A las cárceles no están entrando ni siquiera los delitos de mayor gravedad. No entran homicidas, ni traficantes grandes, solo los pequeños traficantes. Asegurar que el microtráfico de drogas es una causa de los homicidios, eso no es verdad, eso no tiene ninguna relevancia, es una afirmación absolutamente arbitraria.
En la población de prisiones puede que haya una buena cantidad de homicidas, pero esos son aquellos que tienen penas largas. La mayoría entra a prisión por delitos de poca importancia, que podrían tener otro tipo de medida.
Entonces yo creo que la primera tarea es aplicar lo que prevé la constitución: desarrollar medidas alternativas a las cárceles. Tanto medidas cautelares procesales así como de ejecución penal. No se trata que yo esté validando eso que se dijo en algún momento, de que no se va a recibir más gente en prisión, ya que trasladarías el problema a sitios peores como son los retenes judiciales.
En las cárceles hay mucha gente que no debería estar allí. Porque pueden ser procesados en libertad, porque son inocentes en muchas ocasiones, porque ya se les cumplió la condena, porque tienen condiciones de acceder a una medida alternativa, incorrectamente llamada privilegio. Pero incluso, habiendo sido responsable de un delito, mereciendo una sanción, no debería estar en una prisión podría pensarse en otra forma de castigo: trabajo comunitario, multas, trabajo agrícola.
Yo si creo que el homicida debe estar en prisión, que el gran traficante de drogas debe estar en prisión. La prisión es una pena criminógena. Los que han estado en prisión, en un alto porcentaje, reinciden.
- En su opinión ¿Cómo se resuelve el problema de las prisiones?
- No hay que temer desarrollar penas alternativas a la prisión. La población en prisión aumenta a medida que aumenta la desigualdad social, eso es una constante. Es una forma que se utiliza para criminalizar a los pobres.
Desde los años 80 hasta la llegada del presidente Chávez al poder, la población penitenciaria aumentó en un 200%. En el año 1995 llegamos a tener cerca de 35 mil reclusos. Con esa población aumenta la el hacinamiento y la violencia penitenciaria.
En los dos primeros años de gobierno del presidente Chávez la población penitenciaria registró a su tasa más baja en 20 más de años: llegó a 12 mil reclusos. Pero sin embargo, políticas desatinadas, tanto políticas policiales y judiciales han causado que se incremente de nuevo a una tasa altísima. De ser el gobierno que menos personas encarceladas tuvo pasó a ser el que más personas envió a prisión. Actualmente estamos cerca de los 45 mil reclusos.

- ¿Esto a qué se debe?
- A que muchas formas o estrategias policiales como el Dispositivo Bicentenario de Seguridad (Dibise), envían a la gente presa por cualquier tontería. Yo creo que hay que crear formas alternativas a la prisión. Hace falta articular entre las diferentes instituciones que se encargan de esta materia, llámense ministerios, gobernaciones, alcaldías, etc.

- ¿Es el Estado el único responsable de construir situaciones de igualdad para los históricamente excluidos?
- El socialismo es lucha, es conflicto, por eso es que yo creo que no es posible construir el socialismo desde el Estado. Desde el Estado se construye capitalismo de Estado, eso es lo único que podemos esperar.
Esta es una fórmula conocida por nosotros porque fue aplicada por los adecos desde 1958: un Estado fuerte que garantizaba la distribución de la renta petrolera para las élites y algunas migajas para los pobres. En el Estado eso es lo que puede haber.
El socialismo se construye sólo desde las luchas populares. En el Estado actual hay actores que se ponen a favor de las luchas populares para revertir esas relaciones sociales.
Pero esperar a que sea el Estado el que se realice esas reversiones sociales creo que es antihistórico.
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Nota de los autores: Estamos convencidos de que la crítica y la autocrítica son necesarias para el avance de la revolución. Con ese espíritu está hecho este trabajo periodístico. NO AUTORIZAMOS A NINGÚN MEDIO DE COMUNICACIÓN BURGUÉS, CAPITALISTA, DE DERECHA, A REPRODUCIR ESTA INFORMACIÓN, NI TOTAL NI PARCIALMENTE.

Lea las partes I y II: http://www.aporrea.org/actualidad/n190649.html / http://www.aporrea.org/actualidad/n191015.html

(*) Periodistas
indiracarpio@gmail.com / @icarpio/ navarroernestoj@gmail.com / @ernestojnavarro
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Para ampliar informaciones:
(1) Andrés Antillano es profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), licenciado en psicología y especialista en criminología.

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