viernes, 7 de septiembre de 2012

Cristo vino a salvar el Mundo, no se sabe quién lo mandó

ESTE TEXTO lo envió a mi correo un amigo entrañable: Mitt J. Wotán, conocido en el bajo fondo del mundillo filosófico, como "El emperador Mitt"... lo comparto con ustedes


Cristo vino a salvar el Mundo. No se sabe quién lo mandó, pero a eso vino, a salvar el mundo. Aunque esta afirmación, expuesta así, no resulta tan objetiva. El buen Jesús, que así se llamaba el fulano, vino fue a salvar a la Humanidad. A eso vino. 

Pero, ¿vino a salvar a toda la humanidad? Seguramente no. Lo más probable es que el palestino se interesara sólo por sus paisanos, los árabes, y que por ello los judíos lo mandaran a la cruz, por secesionista.¡Vaya insurgencia! El caso es que con Jesús comienza, entre otras cosas, la idea de la Salvación. Y esta idea terrible, perversa en su origen, se ha propagado y prolongado hasta nuestros días. ¡Salvarnos! ¡Tenemos que salvarnos! ¡Sálvame Señor de todo mal! Sálvame señor de los judíos, habría dicho Jesús. Mientras que a los judíos, por su parte, les habría tocado gritar sálvame señor de los árabes. Relativa es, pues, la idea de salvación. 

Y ese pleito entre tribus del hoy llamado Medio Oriente aún pervive en nuestros días, 2000 años después. A partir de Jesús, todos queremos salvarnos. Ahora todo el mundo quiere salvar a todo el mundo Creemos que podemos salvar a otros. Los griegos tocaron el tema de la muerte de otra manera, no por nada elaboraron su propia teogonía, en la cual había dioses para todos los usos y costumbres, y también para todos los vicios. Para los griegos, la maldad era una cuiestión de fuerza, no de valor. Pero todo eso se perdió, gracias a la racionalidad del modernismo occidental. Y gracias a esa racionalidad occidental, hoy tenemos una cultura de muerte. Ciencia y Religión. Amor y Pornografía. Política y Libertad. Todo mezclado. 


Y la ciencia nos aplaude, porque ella nos elabora. ¡La Ciencia! Que es el fraude racional convertido en lógica y medida. Y hoy todos creemos en la ciencia, como aquéllos árabes creyeron en Cristo. La Ciencia nos salva. No somos creyentes, no somos cristianos. Pero creemos en la salvación. Grosera satisfacción se siente cuando damos consejos de fuerza al tonto que se ofrece desvalido. Doble satisfacción perversa. 

Y ese sentido Creemos que podemos salvar a la Naturaleza, a los peces, mamíferos y otros bichos. Somos ecologistas, mentalistas, naturalistas, defendemos el Medio Ambiente. La Ecología no advierte que en sus bases morales hay principios cristianos, perversos,  pero hace ciencia con apóstoles camuflados.  

 Ciencia y Religión, Ciencia y Salvación, catapultadas ambas por un discurso de muerte. La primera  más versada, la otra más elaborada. Pero ideología al fin. Pero, ¿Quién es capaz de ir más allá de su conciencia convencional, ésa que se limita a la reafirmación? ¿Quíen salva a quién? ¿Quién se salva de sí mismo? Bahh. La Ciencia es ideología, y es también la manera más sofisticasda de hacer poesía.


El Yo es la primera persona de toda esquizofrenia.

                                                                              Mitt J. Wotán

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