miércoles, 5 de febrero de 2014

Carlos Tevez, el jugador del pueblo


 
Hoy cumple 30 años Carlos Tevez, el embajador del fútbol del barrio en los grandes clubes del mundo. Campeón adorado por donde pasó, es uno de los principales delanteros del planeta y en principio no irá a Brasil 2014.


Publicado originalmente en:
panored@panodi.com / Edgardo Broner / Especial Buenos Aires
http://panorama.com.ve/portal/app/push/noticia98368.php 

Auténtico para jugar y para expresarse, nada le queda por dentro. En la cancha y en la vida representa a millones que sueñan, desde orígenes tan humildes como el suyo, llegar a la cumbre como él. Ídolo de Boca Juniors, héroe del Corinthians, ovacionado en los dos clubes grandes de Manchester, figura con la camiseta argentina, ahora se encamina al título italiano con la Juventus para sumar más trofeos a su itinerario siempre en la élite. Habla con el Papa o los presidentes sin inhibiciones.
 
La avenida General Paz marca el límite de la capital argentina. Al cruzarla en la zona oeste, se llega a Ciudadela. En esa localidad está el barrio Ejército de los Andes, conocido como Fuerte Apache. Lugar humilde, bravo, con una cancha de tierra imprescindible. Descalzo y enfrentándose a las patadas que jamás oyeron el término “fair play”, jugando por alguna moneda, comenzó la carrera de Carlos Martínez.


Criado por sus tíos Sergio Tevez y Adriana Martínez, hermana de su madre, mostraba su técnica combativa desde niño, ya con la marca de las quemaduras del agua hirviendo, que se resistía a quitárselas. Con sus amigos de Santa Clara, su primer equipo, compartió la pelota hasta que se fueron al club All Boys. La tragedia estaba latente en su entorno, donde la muerte, la cárcel y las drogas le pasaban muy cerca, tocando a amistades y parientes. 

En Argentina los barrios más precarios se conocen como villas, originalmente acompañadas de la palabra “miseria”, que ya no se menciona por lo evidente.

Alejado en el tiempo, rescata con fuerza su lugar: “Si no fuera por el fútbol, yo habría terminado como muchos chicos de mi barrio. Estaría muerto, en cana, o tirado en la calle, drogado. Sigo enamorado de Fuerte Apache, mi infancia fue inolvidable. 

El Fuerte es el lugar más hermoso del mundo, ahí se ve la pobreza de verdad. Soy ciento por ciento villero”, contó en la revista La Garganta Poderosa, una publicación surgida de jóvenes de otra villa, que consiguieron entrevistar a los deportistas más famosos. En su infancia Carlitos admiraba a Diego Maradona y luego a Juan Román Riquelme, otros dos que aparecieron en esas páginas.

La música es otro elemento común con sus amigos y formaron la banda Piola Vago, tocando cumbia y reggaetón. El repertorio incluye “El Pibe de Oro”, con los sentimientos que rodearon su crecimiento: “Nació en un barrio muy popular/ el Fuerte Apache se hace llamar/ el pibe siempre quiso jugar/ y a su familia poder ayudar. Hoy es un día muy especial/ porque Carlitos pudo llegar/ Y todos los pibes se quieren matar/y toda la envidia se quiere matar”.



La escritora y periodista Sonia Budassi publicó el libro “Apache. En busca de Carlos Tevez”, donde cuenta sus múltiples intentos para entrevistarlo. Lo describe así: “Es una mezcla de pony coqueto y hábil y de veloz caballo percherón; corre y esconde el cuello para sacar pecho. Tiene la seducción del que pone garra y trata de pegarle una patadita de atrás al jugador contrario sin que el árbitro lo vea. Tevez es salvajismo de gambetas cortas y risa eufórica, que puede ser bravuconada para defender una pelota o contestar un insulto. Es expresivo. En sus apariciones públicas, sus palabras son sonrientes y, ciertas respuestas, divertidas, rápidas”. En esas declaraciones siempre vuelve al barrio.

Que nunca se olvide de su gente lo hace más querido. Hasta generó que los patrocinadores le dieran un enfoque insólitamente comercial a la pobreza. Nike lo tuvo entre sus grandes estrellas y lanzó la línea de ropa “Cultura Apache”, además de unas franelas con la inscripción “Espíritu Potrero” más su firma.

Budassi sintetiza los éxitos itinerantes del crack: “Tevez es un canguro que salta de club en club, de un país a otro, cargando en cada movimiento amigos, triunfos, copas, campeonatos, salvatajes, polémicas y dinero”.

Así ya exhibe 18 títulos. Cuando a los 20 años era una figura formidable en Boca, las presiones alteraban su privacidad y algún romance generaba horas de televisión. Surgió un alivio cuando lo contrató Corinthians. Fue campeón, se convirtió en ídolo de la mayor hinchada paulista y le regaló una camiseta al presidente Lula da Silva, fanático del equipo. Así surgió una publicidad con la frase clásica de una tarjeta de crédito: “Que el mejor jugador del fútbol brasileño sea argentino no tiene precio”. 



A los 13 años fue a Boca y en All Boys quedaron solo 10 mil dólares por los derechos de formación. En ese momento surgió el cambio de apellido, ligado al reconocimiento a quienes se comportaron como sus padres y además resultó útil para el fichaje. La oferta de Boca hizo que su familia forzara el traspaso.


Desde su debut en Primera a los 17, ya como Carlos Tevez, enloqueció a los hinchas boquenses. “Es el mejor jugador que salió del fútbol argentino en los últimos 20 años” comenta eufórico Leandro, un fanático de la camiseta azul y oro que no se pierde un partido. “Junto con Agüero”, agrega recordando una excepción indiscutible. Y empieza a enumerar partidos inolvidables cuando con empuje y gambetas remontaba adversidades, como un día en La Bombonera en que San Lorenzo había marcado dos veces y Carlitos empató con su coraje. En esa época lo dirigía Óscar Tabárez y ya era titular.

En 2003 con Carlos Bianchi comenzó una época memorable. Brilló para ganar la Libertadores frente al Santos, fue campeón local y volvió de una lesión para levantar en Japón la Copa Intercontinental ante el Milan. Al año siguiente se despidió de su camiseta querida como campeón de la Sudamericana, marcando el último de sus 38 goles. Tenía 20 años.
 

En cada lugar por donde pasó tuvo algún conflicto y dejó un idilio con el público. En su aventura corintiana estuvo con Javier Mascherano. Y juntos se fueron a Inglaterra, a un West Ham que parecía condenado al descenso. En el último partido ante el Manchester United, el Apache marcó el gol del triunfo salvador, que celebró corriendo a abrazarse con los hinchas, valiéndose de que no hay cercas en los estadios británicos. Esa conjunción se dio muchas veces con su sello. Siempre diferente, espontáneo y carismático.

El United lo incorporó en la siguiente temporada. Fue campeón de la Premier League, de la Champions y del Mundial de Clubes. No se llevaba bien con Ferguson, repitió el título inglés y se despidió ovacionado. Lo que no imaginaban era que iba a fichar con el City, el gran rival de la ciudad y les marcaría goles para eliminarlos de la Carling Cup. Fue goleador de la Liga, capitán y siguió levantando trofeos. Se peleó con Roberto Mancini y estuvo seis meses sin jugar, tras negarse a entrar desde la banca en un partido. Volvió, ganó su tercera Liga y compartió el once con Agüero.

Siempre se enfrentó con espontaneidad a los micrófonos y quedó en la memoria cuando explicó que una victoria ajustada había sido “very difficult”, pero pronunciándolo como se lee en español, con la “u” como tal.



Su reciente llegada a la Juventus comenzó con la consagración en la Supercopa y se encamina al scudetto con la 10 blanquinegra. Se publicó el libro en italiano “Carlitos Tevez, jugador de los triunfos”, lo eligieron como el mejor del campeonato y tuvo una audiencia con el Papa, que incluyó bromas por la rivalidad de Boca con San Lorenzo y los colores de su próximo hijo.

A cuatro meses del Mundial al que por el momento no irá, surge su pasado de relaciones extremas con la Albiceleste, que tuvo su mayor protagonismo con el oro de los Juegos Olímpicos de Atenas, donde fue figura y goleador. Internacional desde la Sub-15, ganó el Sudamericano Sub-20, pero no viajó al Mundial porque priorizó la Intercontinental con Boca. 

La Copa América de Perú mostró un detalle repetido: llegaba como suplente y terminaba como titular indiscutible. Hizo dos goles inesperados de tiro libre sin haber practicado, sorprendente con Marcelo Bielsa. En Sudáfrica 2010, dos tantos suyos a México forzaron su inclusión en la debacle ante Alemania, cuando Maradona no armó el equipo equilibrado que tenía en mente.

Enfrentando con Julio Grondona por sus declaraciones sin censura parecía quedar al margen de Argentina 2011, pero Batista se vio forzado a incluirlo a último momento. En La Plata su nombre fue mucho más aplaudido que el de Messi. Terminó fallando el penal que significó la eliminación con Uruguay.

Su juego tan arrollador como desordenado no es compatible con el estilo que rodea a Messi. Sabella tiene un grupo en el que confía. Tevez se ve cauteloso y mira a la Selección por televisión. Con sus tres delanteros fantásticos, el técnico tiene argumentos para no necesitarlo. Pero los suplentes no tienen su jerarquía. Después de perseguirlo durante meses, Budassi consiguió que la atendiera y la primera pregunta fue qué pensaba de la infidelidad. Al apagar las velas de sus 30 años, uno de sus deseos será con ritmo de samba. Y se removerá todo.

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