jueves, 27 de marzo de 2014

El que de último ríe no vive en Venezuela

Cuando no nos reímos de nosotros mismos, el enemigo se burla

Por: Ernesto J. Navarro (*)

El humor televisivo de Venezuela, al menos el que históricamente se ha hecho desde las televisoras privadas, apeló siempre al chiste fácil, a la burla, a la discriminación.

Son motivo de risa, para los productores de tv: los homosexuales, los pobres, las amas de casa, las personas con diversidad funcional, los afro descendientes, el extranjero. Pareciera que 49 años de Radio Rochela y sus derivados en otros canales acostumbraron a los “televidentes” a recibir sin más ni más, ese tipo de “humor”.


Con la misma escuela del cine joligudense, el humor de las televisoras venezolanas se hizo a la sombra de la evasión. 


A los presidentes de turno se les imitaba como un chiste de salón. El Luis Herrera de “Bólido”, sólo comía torontos; el Carlos Andrés Pérez de “Cayito Aponte” ponía la boca en forma de “O” y se quedaba pega’o sin hablar y el Rafael Caldera de “Pepeto López”, era un tipo que al que apenas se le entendían las palabras. Es decir, no se mojaban mucho, no se comprometían. Y es que en tiempos de la Cuarta República la autocensura siempre fue la herramienta más eficaz de los adecos y copeyanos o de los dueños de los medios, que más o menos son lo mismo.


Más recientemente resultan igual de peligrosos, ideológicamente hablando, los humoristas que enmascarándose de intelectuales (caso Laureano Márquez, Emilio Lovera, etc, etc, etc) hacen reír a quienes los siguen con chistosos comentarios racistas, anticomunistas, facistoides, homofóbicos, etc… y resulta que eso debe recibirse como “sano humor”.


Más sonrisas sinceras (digo yo) ha producido la Misión Sonrisa que la burla llamada misión Emilio, un programa que, digamos, cumple con todos los parámetros del programa de humor clásico: burla, chiste fácil homofóbico, uso de la mujer como objeto y varios etcéteras más. 


Pero lo más banal de la televisión actual es el programa presuntamente cómico de un tipo llamdo Luis Chataing. Un cuarentón que se presenta como adolescente, como una nueva versión de Guillermo Dávila (él ídolo de esta de-generación), un joven eterno. En ese programa aburridamente antichavista, siempre es un chiste burlarse de los demás (y los demás son los pobres, los que ellos llaman marginales y bla, bla, bla), o apelar al ataque infundado, la mentira, el rumor, el chisme. 

Se han preguntado ¿Por qué deben colocar risas grabadas en ese espacio televisivo? Este Chataing banalizan todos los temas para quitarles la importancia política, no les extrañe que un día de este muchachito cuarentón diga que una guaya decapitadora puede ser motivo de risa. Personajes como Rico Mc Rico del fallecido Jorge Tuero, terminan siendo una especie de falla del sistema o un anzuelo caza bobos con el cual se intenta mostrar una especie de autocrítica del sistema. Auto crítica siempre controlada y calculada y cuyo fin gatopardiano, es cambiar todo para que nada cambie.



Por otro lado, en los medios públicos parece que no es un asunto de interés. Toda la tarea humorísitca perece recaer en “Los Robertos” y con eso como que cumplimos con la asignación


Salvan la patria (y por eso hacemos mención de honor) el Topocho Show y Cachilapos con todo que se han atrevido, desde la tv pública a criticar y condenar al burocratismo.


Cuando se el Fondo de Responsabilidas Social financió la serie hotel de locura (o algo así) en la cual participaron todos los artistas que Venevision y Rctv echaron a patadas por chavistas; tuve un deja vú de viejos programas de humor con peluqueros, bikinis y demases


El Comandante Chávez mostró siempre un sentido del humor a prueba de balas. Siempre se reía de sí mismo, para casi ninguno nos atrevimos a reírnos de él (no digo burla). El presidente Nicolás Maduro que habla tanto o más que Chávez, en algún momento (somos humanos) se equivoca pronunciando algo, y él se ríe de sí mismo, pero no lo secundamos, es como un constante cague... Y como pasa con muchas cosas, cuando no lo hacemos nosotros, lo hacen los demás y lo hacen no para reírse sino para burlarse.


Por eso mismo creo que un tipo como Peter Capusotto (cuyo programa se transmite en Argentina en el canal 7, la Tv Pública) sería pasado por el paredón del revolucionómetro.

Hace un poco más de un año, conversando con un compa directivo de un canal de Estado, pusimos algunas ideas sobre la mesa proponerle a un productor, hacer un programa humorístico. Recuerdo que me dijo: esperemos que termine la campaña (la última que hizo el Comandante Chávez) y le echamos bolas. Otros eventos sobrevenidos cambiaron el panorama.


Somos el noveno país más feliz del mundo, a todo le sacamos un chiste. Son nuestros medios los que no nos representan en esa dimensión espiritual e intelectual. Somos Alegría, nos decimos a cada rato… deberíamos practicarlo más   ¡¡¡Eso creo!!!



(*) navarroernestoj@gmail.com

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