viernes, 23 de enero de 2015

El Chavo no ha muerto, lo siguen golpeando

Todos lo golpearon, ninguno le dio techo

Por: Ernesto J. Navarro
Publicado en www.desdelaplaza.com

El actor y dramaturgo mexicano Roberto Gómez Bolaños, mejor conocido como “Chespirito”, murió este viernes a la edad de 85 años. 

Este “Shakespeare chiquito” o “chespirito”, (como lo apodó el director de cine Agustín P. Delgado) hizo su nicho en la televisión mexicana con la serie de Tv “El chavo del 8”. Más tarde se le sumarían personajes como: 
-El chapulín colorado (que originalmente debió llamarse el Chapulín justiciero, pero nunca encontraron una malla verde, sino una colorada)
-Vicente Chambón
-El chómpiras de Los caquitos
-Chaparrón Bonaparte
-El doctor chapatín
Y una serie de adaptaciones para tv de clásicos como Sansón, Laurel y Hardy, Chaplin, Romeo y Julieta, entre otros. 

Protagonista también de una serie de escándalos (incluso políticos por su radical anti-izquierdismo), supo mantenerse a flote en medio del canibalismo televisivo.

El chavo del 8”, sin duda, fue su mascarón de proa. Una serie que, dicen hoy todos los medios, llenó de ternura y alegría, a gentes de muchos países

¿Ternura? ¿Alegría? Hay quienes no ven con esos mismos ojos al personaje de Roberto Gómez Bolaños.


La periodista venezolana Indira Carpio, escribió en cuenta twitter: No lloran al niño abandonado en un barril, lloran al que se atrevió a hacer de ése niño todos los reales del mundo. 

Clases sociales 
En su opinión, “el chavo representa la división de clases en la que la sociedad estratifica a explotadores y explotados, incluso en los niveles en los que la pobreza se instala”.

Y explica: 
Doña Florinda es clasista, vive de la pensión de su marido muerto, es decir hereda una renta con la que mantiene a su hijo y a sí misma y que le da lo suficiente como para instalar un restaurante intermitentemente. A pesar de que convive con el resto de la vecindad, los considera chusma. 

El Señor Barriga es el representante de la renta como expresión del capital, el aprovechamiento de la propiedad para la explotación de los más necesitados, algo así como el recaudador de impuestos con patrimonio propio. 

Don Ramón es el pobre siempre desempleado (porque quiere) que vive de la caridad del que le permite estar en el pobrísimo hogar que ocupa con su hija. Pero además paga sus frustraciones con el niño en situación de calle que vive en el barril ubicado en el patio de la vecindad.

Ninguno da alojo al Chavo.

El comunicólogo mexicano Fernando Buen Abad(1), observa lo siguiente: “Todo va mal con el Chavo del Ocho. Sobre su cabeza, literalmente, con un embudo de impunidad histórica, se descarga un baño de violencia, injusticia, abandono, atraso, miseria y alienación. Uno mira al Chavo, sin familia, sin casa, sin contención social… golpeado por una Historia, familiar, económica, política… de clase, que nadie parece conocer, y donde se llora, como corolario del destino, en el laberinto de las hipocresías”.

Cabe preguntarse ¿Cuál es el nombre del Chavo? ¿No lo sabe? Yo, tampoco. Chavo le dicen en México a mengano o a zutano en la calle, como llamar “muchacho” a alguien del que no sabemos su nombre, en Venezuela.

“Hablamos de cualquiera, que puede esconder su indeseable humanidad y que, como la basura, sino lo vemos no nos hiede. Negar la identidad es el primer paso para desconocer la existencia en una sociedad en la que cada vez se requieren mayores documentos que garanticen el ser. Pero qué pasa cuándo vemos y nos gusta, y nos reímos de las desgracias de quien suponemos un niño abandonado, hambriento, sin techo, maltratado”, se pregunta Indira Carpio. 

Hacer riquezas con el dolor 
Roberto Gómez Bolaños no nació en la pobreza. Su madre fue una secretaria bilingüe y su padre un pintor reconocido. Y aunque “no es, por supuesto culpable del drama que viven los niños en y de la calle y tampoco es uno de ellos (…) Hace aproximadamente 30 años el “Chavo” va y viene, con homenajes y todo, paseándose por toda América Latina. No pocos sueñan con canonizarlo”, agrega Buen Abad. 

No es contra los televidentes 
Pero ¡Ojo! Dice Buen Abad: “Cuestionar al Chavo no es ofender gratuitamente a las personas que lo miran. Es interrogar aquello que individual y socialmente se promueve con el espectáculo de la miseria que lleva tantos niños a vivir de y en la calle”.

“Cuestionar al Chavo no implica traicionar a quienes lo disfrutan, incluidos nuestros hijos, pero implica interrogar e interrogarnos el por qué ese entretenimiento televisivo basado en la violencia contra un niño callejero, tierno y todo, divierte; por qué tanta fama, éxito y regalías, por qué tanta repetición y tanto homenaje. Qué retrata de nosotros, qué nos impone, qué no sabemos y deberíamos saber. Cuál es el negocio y cuánto nos cuesta, en todos sentidos.

Cada agresión contra el Chavo es aplaudida incluso por carcajadas grabadas. “Agresiones que se pagan en millones de dólares y conciencias”. 

¿Qué enseña el chavo? 
El filósofo mexicano Buen Abad considera que la estética de la serie es muy poco inocente.

“Tiene como objetivo principal” dice Buen Abad, “(…) convencerlos (a niños y adultos) de que nada es posible en contra de hegemonías, poderes y propiedades dominantes; que lo propio vale poco; que todo lo que se intente para el cambio está condenado al fracaso o a la represión; que tarde o temprano poder es sinónimo de fuerza ajena; que uno se equivoca cuando pretende cambios y que el que tiene la fuerza tiene la razón. No es poca cosa”.

Decía el poeta y músico Jim Morrison que ‘el encanto del cine está en el miedo a la muerte’. Pero, la trampa del audiovisual es la simulación de la eternidad. “Siendo así, qué imagen se hará de nosotros el futuro, al que legamos rollos y rollos de maltrato filmado. Sin duda seremos objeto de juicio colectivo. Ojalá y la muerte de Chespirito no borre de la historia las hojas que hoy llenan las fosas comúnes de la guerra del narco en México”, senetencia Indira Carpio.

El Chavo sin duda trascendió al espacio mexicano. Con la muerte de su creador seguirá mostrándose en pantallas del todo el mundo, a ese niño que tiernamente es golpeado por todos de forma impune y que con el pasar de las décadas sigue viviendo alegremente en la calle… ¡Ups! Se me chispotió. 

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