sábado, 28 de febrero de 2015

23 de enero de 1958: Las últimas horas del dictador



Por: Ernesto J. Navarro
Publicado en: www.desdelaplaza.com

La Vaca Sagrada, un Douglas C-54 Skymaster, modelo usado también por Estados Unidos como Avión Presidencial, enciende sus cuatro motores. La base aérea “La Carlota” ubicada al este de la ciudad de Caracas está en tinieblas. Son las dos de la madrugada y es jueves 23 de enero de 1958.

El mayor José Cova Rey, se hace de la máquina con premura, sabe que se le acaban las dos horas de espera solicitadas por un dictador derrumbado moralmente junto con su régimen de terror.

Deja el hangar, taxea la pista y busca la cabecera. Cova lo hace “al ojo por ciento” mirando desde la cabina. Las luces de balizaje nocturno no se han encendido para evitar que las baterías antiaéreas ubicadas en las alturas de la sede del Ministerio de la Defensa, entraran en acción. También pretenden evitar que sean alertados los barcos de guerra que estaban en posición de combate en aguas de La Guaira, entre ellos el destructor Brión.

El hasta entonces hombre fuerte de Venezuela, General Marcos Pérez Jiménez, acorralado por la insurrección popular y demolido su respaldo en las Fuerzas Armadas, decide huir del país sin enfrentar a la justicia.

Sería el despegue de la Sacred Cow, (como llamaban al mismo modelo de avión usado por Franklin Delano Roosevelt y calcado por los genios del totalitarismo local) el símbolo de la caída de la última dictadura que padeció Venezuela. Años más tarde, un 20 de diciembre de 2001, el pueblo argentino verá una imagen similar cuando el renunciante presidente Fernando de la Rúa, abandona la Casa Rosada a bordo de un helicóptero... otro vuelo, otro fin. 

"La vaca sagrada" en el museo de aviación militar. Estado Aragua. Foto: wikipedia

Desde principio de la década del 50, Pérez Jiménez encabeza un régimen de terror que limita las libertades públicas, políticas y que utiliza a la temible Seguridad Nacional, como fuerza de choque interna contra la disidencia militante. Dirigidos por “el chacal de Güiria”, Pedro Estrada(1), la Seguridad Nacional implementa la tortura como método sistemático de interrogatorio y la desaparición para silenciar por la fuerza. También aplica la detención de líderes políticos y los allanamientos de domicilios sin orden judicial, como procedimientos “normales”.

Parte de la dirigencia del partido Acción Democrática (AD): Cástor Nieves Ríos, Leonardo Ruiz Pineda, Alberto Carnevali y Antonio Pinto Salinas, entre muchos otros, se contarán más tarde entre las víctimas más destacadas que pasaron por las manos de los torturadores y asesinos del régimen dictatorial. 

Aún en Miraflores 
Horas antes de tomar la “valiente” decisión de huir del país. Pérez Jiménez se encuentra en el Palacio de Miraflores donde uniformados de varios rangos ocupan salas y oficinas. Sus colaboradores le hacen llegar sólo malas noticias.

La insurrección popular que empieza en Caracas, la capital, ya se registra a varias ciudades del interior de Venezuela. Ni la Seguridad Nacional, ni otros cuerpos han podido acabar con las protestas.

-Hay brigadas de muchachos que contienen el avance de la Guardia Nacional y de la policía. A esta hora sólo tenemos control de algunas zonas del centro de la ciudad y los alrededores de Miraflores, le informa el Ministro del Interior al dictador.

El dictador

Y es que a esas horas, el pueblo caraqueño incendia literalmente la ciudad y las balas que les disparan ya no logran asustarlos.

Poco menos de un año antes, en agosto de 1957 y por iniciativa del Partido Comunista de Venezuela (PCV), se organiza la Junta Patriótica. Una alianza de partidos para luchar conjunta y clandestinamente contra la dictadura. Acción Democrática (AD) y la Unión Republicana Democrática (URD) se suman de inmediato. COPEI lo hará meses después.

Dos días faltan para la huída del dictador (pero aún él mismo no lo sabe), el 21 de enero de 1958 la junta convoca a un Paro Cívico. Los periódicos, también maniatados durante años por ordenes del general, se suman al llamado y suspenden indefinidamente sus publicaciones, únicamente circula El Heraldo (de orientación pro-dictadura). El paro se convierte en una huelga general, bajo la dirección decisiva de los cuadros dirigentes del partido comunista. 

Militar sin militares 
La situación civil ya la conoce el dictador y al enterarse que la policía es desbordada, reclama a sus lugartenientes:
-¿Y que coño pasa en los cuarteles? -grita, mientras golpea el escritorio de su oficina.

Pero la situación de los militares tampoco le es favorable:
Los buques de la Marina de Guerra, que el alto mando asumía como paralizados en aguas de La Guaira (al norte de Venezuela), a esa hora aprovisionaban en Puerto Cabello las municiones, sus cañones de 40 mm. Cargaban sus armas con total libertad, ya que el Batallón Carabobo de Valencia no cumplió la orden de ocupar las instalaciones navales.

También, le informan al dictador que el Comandante de las Fuerzas navales comunicó a los buques de combate que no cumpliría las órdenes de Miraflores. En paralelo se produce el alzamiento de la Escuela Militar de Caracas y los cadetes toman posiciones de combate en los alrededores. 

Contra las cuerdas 
Todo es posible en el tablero de las especulaciones. La única jugada, que la noche del 22 de enero de 1958, baraja Pérez Jiménez es seducir a los comandos militares de mantenerse leales a su jefatura.

El Palacio de Miraflores se convierte en una central telefónica desde donde tratan de contactar a los jefes de instalaciones militares de todo el país.

El General de Brigada Luis Llovera Páez, que ese 22 de enero tiene apenas 11 días como Ministro de Relaciones Interiores de la dictadura, irrumpe en la oficina de Pérez Jiménez:

Presidente! Los del cuartel Barcelona en Anzoátegui también están alzados...

Antes que Pérez Jiménez, Rafael Pinzón un tachirense que ejerce como Secretario de la Presidencia pregunta al ministro:
-¿Qué significado militar tiene ese alzamiento?
-¿Militarmente? Casi nada. Ese cuartel tiene pocos efectivo. Pero el problema es otro- dice Llovera Páez.
Dígame pues! -Increpa casi desde las sombras el dictador.
-Es que ese alzamiento obliga a las otras guarniciones a decidirse entre rebelde y leales ¡Es la guerra civil!- Sentencia Llovera.

El hombre acostumbrado a derrotar por la fuerza y el terror a quienes se le oponen, se ve con muy pocas opciones. Está sentado en su escritorio y mira fijamente a la pared. Le suda la frente. Junta los dedos cerca de la boca... piensa. De pronto, respira profundo y parece tomar un segundo aire. Retoma su postura. Se pone de pie y levanta la voz. Es él quien ordena.

Pide al edecán naval que llame a la Comandancia de la Marina:
-Dígales que quiero parlamentar y que ¡Les ordeno que vengan a Miraflores! 

El edecán se retira. Un par de minutos más tarde regresa con la respuesta...

-No es tiempo de parlamentar. Eso me dijeron Presidente.
-Insista, coño... !Llámelos, otra vez!
-Entendido -Responde el edecán.

La posición de los marinos es invariable. Ya no reconocen su mando.
-Déjelo así. Pásenme con la Escuela Militar. Dígales a los oficiales de ahí, que si hay algún problema que vengan a Miraflores. Hablando podemos arreglarlo. Dice un Pérez Jiménez que ahora parece suplicante. 

-La respuesta es también negativa, mi General- Le responden.

El dictador vuelve a sentarse en su silla y no habla. Detrás de las puertas del despacho hay un grupo nutrido de oficiales que pide órdenes a Pérez Jiménez para aplastar la conspiración.

Sólo que se las piden a un hombre que siente su derrota respirándole en la espalda... pero aún no se rinde y trata de ganar tiempo.

Pide al mayor (Av.) José Eusebio Cova Rey que haga una ronda fugaz por los cuarteles de Caracas para conocer la situación de primera mano.

Mientras esperan, escucha opiniones de aquellos que insisten en acabar a plomo con los insurrectos. La tratan como posibilidad real, pero no acuerdan.

El mayor regresa y las noticias tampoco ayudan:
General! Los comandantes desconfían de sus subalternos y éstos de los jefes. Ya ni siquiera se puede contar con la lealtad del batallón Bolívar. -Le dice a manera de informe.

En las calles, el pueblo dirigido por los comunistas, avanzan hacia el palacio de gobierno, enfrentándose a los batallones que resguardan el perímetro.

El dictador vuelve a un silencio crudo. Se sabe derrotado. Sus adversarios políticos, a quienes no pudo dominar con las balas y la tortura, lo acorralan. Ahora sólo le queda huir empujado por su el peso de su conciencia. Sabe que de quedarse en el país sólo le espera una celda, y no quiere ni pensar en que fuese parecida a donde envió a sus enemigos. 

¡Huye! 
Todos los oficiales que cerca de la media noche del 22 de enero le pedían autorización para caerle a balazos al pueblo, se han esfumado de Miraflores.

Junto con un pequeño grupo de leales elabora a las carreras un plan de fuga. Pide aprovisionar un barco, para salir a una isla del caribe, pero es imposible. Le recuerdan que el destructor Brión domina las aguas por las costas de La Guaira; es entonces cuando la opción del avión se convierte en la única posibilidad de escape.

Será el mayor Cova Rey quien consigue el plazo de dos horas para que el dictador busque a su familia, aprovisione dinero que hay en su despacho y huya a Santo Domingo, donde otro dictador, Rafael Leonidas Trujillo, le permitirá aterrizar sin inconvenientes. 

Cobran los que no estaban 
Poco después del despegue del “7-ATT”(2) (siglas oficiales del avión presidencial) irrumpe en la radio la voz victoriosa de Fabricio Ojeda y es entonces cuando el país entero conoce al hombre que desde la clandestinidad presidió la Junta Patriótica y dirigió la heroica y victoriosa insurrección del pueblo y de sectores de las Fuerzas Armadas.

Fabricio Ojeda, líder del movimiento de liberación. Dirigente del PCV
Aupados por Ojeda el pueblo ocupa edificios gubernamentales, son liberados los presos políticos y se enfrentan militarmente a los reductos del régimen que cubren el escape del dictador. Pocas horas más tarde, los disminuidos “representantes” de la dictadura se rinden y entregan el Palacio de Miraflores a una nueva Junta de Gobierno, presidida por Wolfgang Larrazábal.

El Partido Comunista, que dirigió la épica campaña, será borrado luego por la historiografía oficial impuesta por los que usurparon la victoria del pueblo. Con los años, se enseñará en las escuelas un relato donde los comunistas no aparecen ni de casualidad.

Pero aún estamos en las calles de Caracas. La derrota de la dictadura se convierte en noticia mundial. Y entonces emprenden el retorno a la patria, dirigentes políticos que no lucharon, sino que estuvieron en el exilio y allá se convirtieron en los favoritos de Washington. Un grupo de dirigentes de derecha a los que se conocía ya como el “Pacto de Nueva York” (Rafael Caldera, Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba) y que poco después constituirían el “Pacto de Punto Fijo”.

Llegados, celebran como triunfadores. Y acá cumplen con la promesa hecha a EE.UU.: proscriben al PCV y traicionaron al pueblo venezolano que derrotó a Pérez Jiménez.

Una nueva forma de dictadura se impondría entonces... pero esa historia también la conocemos.



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1.- Pedro Estrada es el fundador, en 1944, de la Policía uniformada de Caracas, que con los años se convirtió en la tristemente célebre Policía Metropolitana, ejecutora de muertes durante el Golpe de Estado de Abril de 2002.

2.- El antiguo avión presidencial “la vaca sagrada” actualmente es exhibido en el Museo Aeronáutico de Maracay.

1 comentario:

  1. Excelente reporte, valido para mitigar un poco la verdad oculta tras los hechos...falta solo corregir "H"angar

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