sábado, 13 de febrero de 2016

27 de Febrero de 1989 / Venezuela: primera rebelión mundial contra el FMI

Acuerdos con el FMI



Por: Ernesto J. Navarro
Publicado en: www.desdelaplaza.com

Alejandro Izaguirre Angeli, se para de espalda a la cortina azul donde declaran los ministros en el Palacio de Miraflores. Es 27 de febrero de 1989 (27-F) y recién asumía el cargo en la cartera de Interior y Justicia.

Conocido como “el policía Izaguirre”, este hombre de hablar parsimonioso aparecía en pantalla para cumplir la vergonzosa tarea -asignada por su jefe el presidente Carlos Andrés Pérez- de comunicarle al país que “todo estaba en calma”. Afuera del palacio de gobierno, Caracas y otras ciudades son un infierno... y él lo sabía bien. 

Del triunfo al paquetazo 
Dos meses antes, diciembre era una fiesta para el Partido Acción Democrática. Carlos Andrés Pérez (CAP) arropado con un slogan simplista (el gocho pal' 88), cabalgó los recuerdos de la bonanza petrolera que vivió el país durante su primera presidencia (1974-1979) y así obtenía un segundo mandato popular respaldado por 3 millones 869 mil electores, lo que representaba un 52,89% del total de votos válidos.

Una fabulosa campaña mediática y publicitaria posicionó a CAP como El presidente del milagro económico, uno que prometía “acabar con la pobreza”. Pero algo bullía en ese país que no aparecía en la prensa, ni en los salones de la aristocracia... eso iba a descubrirlo en poco tiempo.

El 3 febrero, CAP juró como presidente de Venezuela por segunda vez, no en el congreso sino en un teatro; en una ceremonia que el ingenio local calificó como “La coronación”. Y antes de juramentar a su nuevo tren ministerial lanzó un pequeño globo de ensayo que no pasó desapercibido en medio de los fastos: “Fin del Estado intervencionista y protector. Cambio único y Liberalización de la economía”.

El pueblo leyó al revés los aplausos y vítores al discurso de CAP y la preocupación se hizo viento que respiraba en las esquinas. Crujía la base popular que le dio el triunfo en las elecciones, pero como quien tapa las grietas con pasta de dientes, se hizo caso omiso de los reclamos. Los compromisos con Washington siempre pesaron más para “el gocho” a la hora de ponerlos en su balanza personal.

Diez días más tarde, el 16 de febrero de 1989, “todo estaba consumado”. Bastaron una docena de viajes ida y vuelta a Estados Unidos para que el gobierno de turno se entregara amoroso al sadismo depredador del organismo de moda: el Fondo Monetario Internacional y su recién estrenado credo: neoliberalismo. 

Primer aviso. 3 de febrero de 1989.
 
CAP se pone al frente del acuerdo y en cadena nacional de radio y TV anuncia un “paquete” de medidas neoliberales, presentadas con el eufemismo de “El gran viraje”. Con ello promete "corregir el rumbo para impulsar el proceso de modernización económica y social".

Era muy sencillo. Una formula que, según él, iba a permitir a la Venezuela Saudita obtener dinero fresco (aunque hipotecara la vida) para unas cuentas todas con cifras rojas. 

Su pacto de lealtad con Estados Unidos lo declaraba públicamente aquella tarde-noche: Consideramos un deber del FMI colaborar con Venezuela en esta hora difícil”.

Entonces soltó una letanía de penurias:

  • Liberación de precios de todos los productos de consumo (incluyendo alimentos a excepción de 18 renglones de la "cesta básica").
  • Liberación total de las tasas de interés.
  • Eliminación del control de cambio.
  • Aumento de las tarifas de los servicios públicos como luz, agua, teléfono
  • Aumento del precio de la gasolina.
  • Reducción del déficit fiscal a un máximo de 4%
  • Congelación de cargos de la administración pública.

Además, como quien anuncia una enfermedad terminal, dijo el día y la hora de inicio de la aplicación del paquete. Comenzaría a regir, efectivamente, en las primeras horas del 27 de febrero de 1989.

Un diario venezolano tituló acertadamente: CAP quitó la espoleta...

La granada a punto de estallar, volaba por los aires. 


Dónde todo comenzó 
A las 5:30 de la mañana del lunes 27 de febrero de 1989, Antonio Duarte, obrero en una empresa farmaceútica de Caracas, hacía fila en la parada de los autobuses que recorren los 27 kilómetros que separan a la ciudad de Guarenas con la capital del país.

Delante tenía unas 20 personas que también iban a Caracas. Rápidamente se dio cuenta que no avanzaban a pesar haber decenas de autobuses disponibles. Preguntó a una señora que estaba delante de él, qué pasaba. Pero ella no supo qué decirle.

Pasados 15 minutos, escuchó a un hombre joven que recorría la fila reclamando en voz alta que “era un abuso el aumento de precio del pasaje”, que esa mañana aplicaron los transportistas. “Esto es un aumento del 300%”, gritaba mientras instaba a la gente a no pagar ese monto.

Los choferes respondieron estacionando las unidades y suspendiendo el servicio. No era difícil imaginar que aquella situación iba ponerse peor a medida que avanzaran las horas y la gente no pudiera movilizarse a su trabajo.

En la parada de autobuses, la gente que expresaba su reclamo también ubicó fácilmente a CAP y su paquete de medidas, como los responsables-causantes, de la situación. Además del paquetazo, el pueblo tenía una cuenta que cobrarle al presidente: el derroche de dinero de su coronación en medio de la tan cacareada crisis económica.

La pelea a gritos entre transportistas y pasajeros no pudo saldarse con acuerdo porque los choferes no bajaron la guardia. Entonces, como ya lo había hecho antes, el pueblo decidió reclamar sus derechos. Si era por la malas, también sabía hacerlo.

Antonio, salió con otras cientos de personas y ayudó a cortar con neumáticos y ramas, las calles adyacentes a la parada de autobuses, minutos más tarde, las vía de principales que conectan a esa zona del estado Miranda con Caracas también fueron cortadas, y como la onda expansiva de una bomba, el reclamo popular si logró subir a la capital, Antonio no llegó ese día a su trabajo... tampoco los demás. 

El gobierno de turno, que al igual que sus antecesores sólo se conectaba con el pueblo en campañas electorales, fue sorprendido por un estallido de reclamos y protestas callejeras, que en pocas horas ya se contaban en: Mérida, San Cristóbal, Maracaibo, Puerto La Cruz, Ciudad Guayana, Ciudad Bolívar, Cumaná, Barquisimeto, Valencia, Barinas y toda la zona central del país. 

País mediático 
Caracas, asiento del poder público y también de los medios de comunicación de carácter nacional, rápidamente mostraron en pantallas la rebelión del pueblo pobre.

Para el gobierno, los empresarios y los medios, el pueblo saqueaba “sin razones” supermercados y establecimientos de venta de electrodomésticos.

El pueblo, hambreado por las políticas traídas del norte y habiendo llegado al extremo de comer perrarina cómo única fuente de proteínas accesibles. Se echó a las calles a buscar comida. A diferencia de hoy, que el pueblo hace colas para comprar comida, no para que le regalen.

Aquel 27-F, voceros del partido de gobierno, Acción Democrática (AntonioLedezma, Henry Ramos Allup) criminalizaron al pueblo que les dio sus votos y los hizo gobierno y salieron en defensa de la sacrosanta “propiedad privada” y el establishment. 

El gobierno quiere evitarse una vergüenza internacional. El qué dirán siempre ha sido un lastre para la clase dominante. Por ello, para que no se produzcan imágenes “feas” que sean cuestionadas en el exterior; intentan controlar la protesta. 

En Caracas son lanzados a la calle varios contingentes de la temida (hoy extinta) Policía Metropolitana; cuerpo policial creado durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, por el torturador Pedro Estrada.

La policía llama a la calma, dicen desde el gobierno, pero lo hace cayéndole a tiros a la gente. Mientras, los medios circunscriben -intencionadamente- la jornada a unas pocas calles de Caracas e ignoran al resto del país... pero ese intento será fulminado por la persistencia popular. 

CAP y sus ministros deciden contraatacar la rebelión popular: suspendido todas las garantías constitucionales y decretando un toque de queda. Esto se tradujo en patente de corso para que los soldados y sus mandos militares jugaran tiro al blanco con personas desarmadas.

Pero el “bravo pueblo”, como canta el himno, pasó su reclamo al combate contra la represión. La policía, a pesar de sus armas de fuego entiende que no podrá domar la furia popular. Entonces el ministro de la defensa de turno, general Ítalo del Valle Alliegro, quien hoy es mirado como un tierno abuelito que cada tarde camina junto a unos escoltas en el laguito del paseo Los Próceres; ordena el despliegue de las Fuerzas Armadas, para que ataquen a los ciudadanos como si se tratara de un ejercito invasor. Horas más tarde él mismo se felicitará en tv porla tarea cumplida.

Pasadas las horas, más de 3 mil venezolanos muchos de los cuales terminarían en fosas comunes (aunque el gobierno reconoció apenas a unos 160) pagarán con sus vidas la lealtad de Carlos Andrés Pérez a los acuerdos con Bush padre y el Fondo Monetario Internacional.

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Pero volvamos al palacio de gobierno. El 27 de febrero estalla ante los ojos del mundo y la Venezuela del petróleo y las mises, muestra una cara que abochorna al poder.

El policía Izaguirre está parado frente a las cámaras. Viste un formal traje negro y una corbata roja. Se acomoda los gruesos lentes y comienza a leer un texto urdido en Miraflores por el periodista estrella de CAP, Nelson Bocaranda:

Habla el ministro:
Venezolanos. En nombre del Gobierno Nacional, me complace informarle a la ciudadanía que desde el momento en que se dictó la Suspensión de Garantías Constitucionales y se inició el Toque de Queda, la situación general del país se encuentra prácticamente normalizada. 

Sólo en la ciudad de Caracas...

(Hace una pausa. Levanta los ojos como buscando ayuda),

subsisten...

(Aparta nuevamente la mirada del texto que está leyendo, le tiemblan las manos. Respira profundo. Mira hacia donde está la cámara y como si le remordiera la conciencia dice:)

¡Lo siento! No puedo... ¡Perdón!

(Dobla los papeles y sale de la escena como un disparo)




En Miraflores hay un silencio de muerte... detrás de las paredes, en las calles, venezolanas y venezolanos protagonizan aquel 27 de febrero de 1989, “El Caracazo”: la primera rebelión mundial contra el Fondo Monetario Internacional... los asesores de CAP, los tristemente célebres Chicago Boy's a salvo en su país (muy lejos de las calles de Caracas), no pudieron calcular la respuesta del pueblo de Bolívar en sus informes repletos de palabrería...

Sólo así quisieron rendir al pueblo

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