lunes, 11 de abril de 2016

Sony Sánchez: “El 13 de abril me impulsó, me abrió los ojos”

#Crónica ganadora del Premio Nacional de Periodismo "Simón Bolívar" 2015

13-A: El día que retornó la democracia

Sony Sánchez fotografiada por DsdLaPlaza
Por: Ernesto J. Navarro
Especial para www.desdelaplaza.com

Un blanco brillante, muy brillante, enceguecía a quienes miraban las pantallas de los televisores. Las imágenes estaban saturadas porque las cámaras del estudio principal de Venezolana de Televisión (VTV) no habían sido balanceadas.

Todo era un caos, pero lo importante era que estábamos “de nuevo al aire”, dijo el presidente de la planta, Jesús Romero Anselmi.

La emoción de Anselmi la noche del 13 de abril, anunciando al país que volvían las transmisiones del canal ocho, era la estocada final a los estertores del golpe mediático que, durante 47 horas, mantuvo en vilo a la población.

Los enemigos de la revolución bolivariana no vacilaron en sacar del aire la señal de la estación, para no tener una voz disidente a su plan subversivo contra el orden constitucional.

Fuera del estudio, en la calle, los vecinos de “Los Ruices” (al este de Caracas) bajaron de sus rígidos departamentos de concreto sólo con la bandera nacional en la mano, para sitiar VTV y así facilitar que los bolivarianos ingresaran de nuevo a las instalaciones, para comenzar a transmitir aquello que la censura mediática nos había negado: las imágenes de un pueblo revolucionario que le propinó “la primera derrota en 100 años del golpismo estadounidense”, como diría el propio Presidente Chávez.

Se trataba de caraqueños de la llamada “clase media”, personas que según las plantas televisivas privadas, odiaban a Chávez y a los chavistas pobres... y allí estaban, jugándose el físico, logrando con su presencia que aquellos que miraban desde los balcones de sus altos edificios, bajaran a acompañarlos a terminar de liquidar el golpe. “La gente de oposición celebraba, porque también a ellos los engañaron. Lo que hizo Carmona no se lo esperaban los que marcharon el 11”. 

Una primera vez 
Sony Sánchez tenía 17 años aquel 13 de abril de 2002, recién los había cumplido un par de semanas antes. Ella miraba expectante una pantalla que los empleados de VTV colocaron en la calle, para que la gente que estaba dándoles apoyo siguiera los acontecimientos. Ese televisor gigante anunciaba que dentro de poco se retomaría la señal. Su voz se confundió con las del resto al ver a Romero Anselmi aquella noche... “Serían casi las nueve”.

Un poco antes, quizá las siete de la noche, una vecina, “Ana María, fue la que nos dijo: la gente está llegando al canal 8, parece que van a recuperar la señal... vamos a darles apoyo”. Así que no lo pensó mucho y salió de su casa, en la segunda transversal de Los Chorros y con ella su papá, su tío y los hijos de Ana María.

Atravesaron la calle en la que reinaba una oscuridad sin aliento. Era la primera vez que Sony participaba en una manifestación para exigir que le respetaran sus derechos. Hasta ese día, prefería evitar el tema de la política, “apenas me enteraba de las cosas que mi mamá y mi papá comentaban en la casa. Mi vida era el cine, salir por ahí con los amigos y esas cosas”.

Pero el 11 y 12 de abril se le acumularon un montón de incongruencias, un montón de preguntas sin respuestas, que fueron el motor para salir a buscar algunas esa noche.

Las preguntas 
Los días previos al Golpe de Estado fueron de una hemorragia noticiosa desconocida en Venezuela. Luego de que la conspiración cree lograr su objetivo, pasa a un absoluto silencio. Sony veía “comics” con su hermana. Ningún canal decía qué estaba pasando en las calles del país, a veces hacían “pases” al interior del palacio donde juramentarían a los ministros del dictador Pedro Carmona Estanga; de resto Venezuela parecía disneylandia.

“Papá ¿Qué está pasando?” preguntaba Sony, “no se, hija”, se limitó a responderle. “Lo único que sabía o que decían en la televisión era que habían tumbado a Chávez, pero nadie decía porqué”, recuerda.

Fueron tantas cosas juntas que el lunes siguiente, cuando volvió al liceo “Esteban Gil Borges” donde cursaba el quinto año del bachillerato, preguntó a Guillermo Lara, hijo del entonces presidente de la Asamblea Nacional, diputado Willian Lara (hoy ministro de Comunicación) ¿Qué fue lo que pasó? “Pero me sorprendió que en mi liceo los compañeros hablaban de Golpe de Estado, de que se había intentado eliminar la Constitución”.

Ahora bien, la pregunta que más le rondaba la cabeza, el 13 de abril por la noche mientras caminaba hacia VTV era “¿Dónde están mis vecinos? Si un día antes habían cerrado la calle para hacer una fiesta de celebración porque, nos gritaban, ¡Chávez se ha ido! Hicieron una parrillada para todos, pero unas horas después esa misma calle estaba desierta. Recuerdo que una de las vecinas, amiga de mi mamá, después que el Presidente retornó al poder, pasó días sin visitarla, apenada supongo, porque ella era la que había hecho la parrillada”. 

No nos defraudó 
Volvamos a las afueras de VTV la noche del 13. Con “el canal de todos los venezolanos” al aire comenzaron a tenerse precisiones. Se supo del engaño mediático, del vandalismo contra la embajada de Cuba, la persecución a los dirigentes chavistas... pero faltaba ver al Presidente.
Sony observó en la gente fervor, pasión y voluntad. 

Eran venezolanos sin distingo que ofrecieron su presencia para reclamar el retorno de la democracia y la dignidad. A su alrededor había muchos jóvenes, pero también hombres, abuelos, mamás con sus hijos... había un país conciente pidiendo no ser silenciado a la fuerza.

“Recuerdo que llegó una camioneta que tenía unas cornetas grandes y un hombre se paró a leer una carta. Era la carta que el Presidente escribió de puño y letra y donde nos aseguraba que no había renunciado. Luego de la misma camioneta sacaron copias de la carta y las repartieron... después de leerla me abracé con mi papá. La gente comentaba emocionada que Chávez no nos había defraudado, que seguía con nosotros y nosotros teníamos que seguir luchando porque ya era oficial que el Palacio de Miraflores, al otro lado de la ciudad, estaba de nuevo en manos de la revolución”, cuenta Sony. 

Lo más importante, dice; “es que todos salimos. Si no lo haríamos, hoy no estaríamos contando estas cosas”. Desde ese momento Sony pasó de la apatía a la acción, dejó ser una chica que va al cine “y esas cosas”, para trabajar por un país que “van a disfrutar mis hijos o mis nietos”. Ella misma, cuatro años más tarde, conjura ese cambió en una sola frase: “El 13 de abril me impulsó, me abrió los ojos”.

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