sábado, 26 de marzo de 2016

CRÓNICA El Chávez que recuerdan en Los Teques


Por: Ernesto J. Navarro
Originalmente en: http://www.alcaldiadeguaicaipuro.gob.ve/portfolio/el-chavez-que-yo-recuerdo/ 
  
Es 03 de noviembre del año 2005 y Los Teques es una fiesta. El presidente Hugo Chávez acaba de inaugurar la primera estación del sistema Metro y ahora, encabezando una caravana recorre la ciudad.

Miles salieron a acompañarlo y otros tantos a verlo pasar por las calles. 

En una esquina de la calle Bermúdez, Kendrick Figueredo se detuvo solo a esperar el paso de la caravana. Por esos días, él, formaba parte de un movimiento juvenil que -según contó- tenía más siglas que gente. Y decirlo no se trata de una exageración. Aquella tarde era el único representante de todo su grupo presente en aquella esquina. 

Miró pasar algunas motos, de esas que le abrirían paso a Chávez, pero antes de que llegara el presidente, una mujer de al menos 50 años se detuvo al lado de Kendrick. Lo miró de arriba a abajo, con desdén... 
Tanto alboroto del Chávez ese pa’ una sola estación… Ese metro nisiquiera está terminado–Dijo. 

Él trató de explicarle que se trataba de una obra importante… pero Chávez se acercaba y decidió dejar las cosas de ese tamaño. 

Cuando el camión donde iba Chávez se pasó frente a esa esquina, Kendrick saludó al Comandante, señalándose la camiseta para que viera el nombre del movimiento, pero el presidente se llevó la mano a la boca y lanzó un beso. 

Miró para todos lados, pero no vio a nadie… 

¿Me lanzó un beso? –se dijo. 

De inmediato recordó a la señora que estaba junto a él pero no la vio… Escuchó un grito ininteligible en medio de las cornetas, que rápidamente se repitió: 
¡Chamo, agarra a tu abuela que se cayó! 

Miró detrás de su posición y encontró en el suelo a la señora. Así que fue a levantarla y dos personas más se sumaron. Al incorporarse del desmayo, la doña sólo repetía: “Me tiró un beso ¿Viste? Me tiró un beso… Chávez me lanzó un beso a mí”. 
Esas cosas las causaba el Comandante en la gente. Una conexión que no se puede explicar con palabras. Dice Kendrick y se ríe. 

Es que hablar de Hugo Chávez no es, a priori, fácil o difícil. La teoría se mezcla con la práctica y los recuerdos siempre con el corazón. 

Todos tienen una anécdota con Chávez. Incluso aquellos que jamás lo vieron en persona. La radio y televisión acercaron al de Sabaneta con la gente de los más impensables lugares del mundo. 

Ahora, tratar de poner esos recuerdos, experiencias y aprendizajes en un “foro”, si hace la tarea cuesta arriba, pero como el Comandante solía decir en sus momentos de tempestad “qué es eso pa’ nosotros, ¿Ah?”. Así que del Chávez amor, Chávez pensamiento, Chávez cotidiano, versó la décima cuarta edición de la Cátedra Guaicaipuro. 

Todos lo saben, el alcalde Francisco Garcés fue -en su momento- uno de los ministros más jóvenes del gobierno revolucionario. 

En varias oportunidades he repetido como un mantra: “Chávez era un jefe que te hacía sentir su jefatura. No era irrespetuoso, pero te hacía sentir que él era el jefe”.

Llegado al gobierno desde el mundo académico, fue puesto a prueba por el jefe en varias ocasiones.

No es extraño para nadie haber escuchado que el Comandante escrutaba a sus ministros hasta el hartazgo. Garcés lo pone en perspectiva: “En mi vida académica he enfrentado varios jurados, incluso en diferentes idiomas. Pero ninguno tan difícil como Hugo Chávez”. 

Hoy de alcalde lleva a flor de labios la lección más importante que le diera Hugo Chávez: “nos enseñó a dar la cara. Un chavista nunca se esconde del pueblo”. 

Decir que Hugo Chávez era más grande que las circunstancias no es endiosar al hombre. Para Francisco Garcés es una forma de explicar al pueblo la dimensión humanitaria del líder del proyecto político que revolucionó medio mundo. 

En diciembre de 2010 una vaguada causó graves daños en varios estados del país. Por instrucción del presidente, el ministro de transporte y comunicaciones salió a visitar uno a uno los lugares impactados. Vías alternas, puentes de guerra y decenas de maquinarias pesadas se distribuyeron para las tareas de despeje de carreteras. 

Un fenómeno similar -en la misma fecha- tenía casi incomunicada a Colombia. El entonces ministro Juan Manuel Santos visitó Caracas para solicitar ayuda. Chávez no sólo se la ofreció sino que ordenó a Garcés que enviara todo los puentes de guerra que necesitara la nación hermana. 

El ministro recordó al presidente que esos puentes estaban siendo usados, pero el jefe le insistió en que teníamos que ayudar a Colombia sin escatimar esfuerzos. Y, así se hizo. 

Venezuela sustituyó puentes, fabricó otros a paso acelerado y cumplió con la misión de ayudar a los vecinos. 
Chávez no dudó… y ni las gracias nos dieron… pero a él eso no le importaba. Evocó Garcés. 

Kendrick Figueredo hoy es concejal. También es uno de los miles de jóvenes, no solamente crecido, sino formado políticamente en revolución. Uno de los que vio el impacto tremendo de Chávez en cualquier país que visitaba. 

Muy pocas personas del exterior, pudieron imaginar que ese militar, formado en una academia conservadora, nacido pobre; iba a liderar un proyecto de renacimiento de la esperanza en todo el continente… y más allá”. 

Por ejemplo. Dante Roberti, ex preso político de la dictadura militar argentina, militante de la agrupación Montoneros, me contaría una mañana larga del año 2005, en su casa de Fishertown (Rosario), que vio las noticias que llegaban a su país sobre la rebelión en Venezuela aquel 4 de febrero de 1992 y, en ese momento, creyó que se trata del alzamiento de un gorila más… No era para menos, después de Videla, era como para tener cuidado con los milicos, me dijo. 

Años más tarde, bajo la lluvia del cordonazo de San Francisco, pero esta vez en la avenida Bolívar de Caracas, Dante recordará aquella charla y me dirá que él -como muchos- desconocía que ese 4 de febrero, la historia del comandante Chávez apenas estaba empezando. 

En algún momento, una tarea pendiente de la revolución bolivariana consiste en sistematizar las anécdotas, los recuerdos y la emoción, para exponer las claves de los métodos de trabajo que hicieron de Chávez el líder de talla mundial. 

Él siempre habló desde el reconocimiento. Empezando por decirse que no nos las sabemos todas. Preguntaba al pueblo qué hacer, cómo hacerlo. Y confió en los poderes creadores de un pueblo del que siempre se sintió hijo y no el padre”, así lo cree la socióloga Morella Rojas. 

Una primera enseñanza de Chávez es “no permitir el divorcio del trabajo técnico del político. Muchos elementos de su metodología aún no podemos verlos porque apenas estamos construyendo la historia”. 

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Casi llega el mediodía del 10 de marzo de 2016 y como una cábala ha caído una leve llovizna mientras en Los Teques se habla de Chávez. Todos lo notan. Es muy raro, hace muchos meses que no llueve en Venezuela pero hay quienes no dejan de creer que él… traerá la lluvia.

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