miércoles, 27 de abril de 2016

Hay tantos abriles


Por: Ernesto J. Navarro

I
Abril en Caracas. Las noticias van de un lado al otro del gran charco, con una velocidad que asombra. Las que desembarcan en el puerto de La Guaira le paran los pelos a los criollos.

En la “madre patria”, se ha disuelto la Junta Suprema de España y el rey Fernando VII abdicó al trono. A los caraqueños les resulta entonces incómodo que los gobierne el español Vicente Emparan, nombrado recientemente por ya la inexistente junta y mucho más caer en manos de los franceses.

Es jueves santo y día 19. Emparan cruza la plaza mayor para asistir a la misa. Es día de guardar. Será su última cena en la Capitanía General de Venezuela, pero él aún no lo sabe.

Traspasa el dintel de la iglesia y a su espalda corren a cabildo, un grupo grande de los amos del valle: lo más rimbombante de la aristocracia y burguesía criolla, es decir, los hijos de españoles pero nacidos en América.

La sesión es directa. Desconocen la autoridad del Capitán General de Venezuela.

Emparan se entera en misa y la interrumpe. Él no está de acuerdo con la aristocracia criolla y decide consultar al pueblo que se movió a la plaza al conocer de la rebelión civil. Aparecerá entonces el padre José Cortés de Madariaga y su “no” definitivo.

El español renuncia en público y se firma de inmediato un acta. En ese momento, los venezolanos actuaban en nombre de Fernando VII, rey depuesto de España, y en desobediencia a José I.

Están por empezar a correr los ríos de sangre y la independencia no está ni soñadamente cerca ese 1811. 

II
Abril albores de la Primera República. Aunque los mantuanos pegaron el grito al cielo, el 23 de abril de 1812 Francisco de Miranda es ungido por el Congreso como: Generalísimo de Venezuela. 

Con ese título, tiene facultades extraordinarias para dirigir las tropas patriotas contra el ejército español de Domingo Monteverde.

Es la primera vez que debe defenderse la república de la reconquista bestial que desencadenan los españoles.

Miranda, celebrado con honores en su Patria de la que tanto tiempo ha estado ausente, pasea en hombros de sus compatriotas por la plaza mayor, no ha escuchado nombrar siquiera a La Carraca. 

III
Abril en la Gran Colombia. Simón Bolívar ha liberado de la invasión española a media Suramérica. Pero las rencillas internas y las agallas de algunos de sus líderes, hacen sosobrar el barco de la inmensa nación parida en su espada.

Bolívar, entiende que su supremo liderzgo significa aún más luchas que tranquilidades. Está convencido de que distanciarse de la patria es la mejor ayuda para la unidad de la República o, en último término, para la concordia entre los colombianos.

Le habla al Congreso:
¡Colombianos! hoy he dejado de mandaros. Veinte años ha que os sirvo en calidad de soldado y magistrado. En este largo período hemos conquistado la patria, libertado tres repúblicas, conjurados muchas guerras civiles, y cuatro veces he devuelto al pueblo su omnipotencia, reuniendo espontáneamente cuatro Congresos Constituyentes. A vuestras virtudes, valor y patriotismo se deben estos servicios; a mí la gloria de haberlos dirigido. (...) Temiendo que se me considere como un obstáculo para asentar la República sobre la verdadera base de su felicidad, yo mismo me he precipitado de la alta magistratura a que vuestra bondad me había elevado (...) Debéis estar ciertos de que el bien de la patria exige de mí el sacrificio de separarme para siempre del país que me dio la vida, para que mi permanencia en Colombia no sea un impedimento a la felicidad de mis conciudadanos”. 

Es 27 de abril y es 1830. Su muerte política es apenas la antesala de su muerte física. 

IV
Abril año 2002. Siglo XXI. Los amos del valle, hace cientos de años que no defienden los interéses del Rey de España. Ya no obedecen a “su majestad” sino a un “mister president”, también de otra nación.

No les gusta que los gobierne un zambo pobre, que apenas llegó a Teniente Coronel y que alienta a los pobres a salir de la miseria.

Al compás de una “Revolución Bolivariana” ellos, han perdido millones de hectáreas tierras, incontables pacas de dólares baratos (venidos del Estado) y hasta su dominio de los espacios acuáticos. Por eso, se la tienen jurada.

Dueños de empresas, de medios de comunicación, militares más expertos en campanear güiskis que en defender su Patria, políticos de la misma ralea y hasta curas con aspiraciones se han complotado.

En un mundo dominado por la imagen de la TV, han usado apenas unos minutos en los que 3 hombres se ven disparando a la nada, para fabricar un largo metraje de terror que acusa al presidente de masacrador. Acorralado por la presión mundial, Hugo Chávez, (así se llama el mandatario) se entrega a sus captores y éstos, en menos de lo que tarda un plumazo, acaban con la Quinta República.

El planeta entero ha visto en vivo y directo la primera producción televisiva que se lleva en los cachos a un gobierno, que mete preso a un presidente electo por votos sin que haya cometido delito alguno y que culmina con la auto juramentación de un poderoso al que nadie eligió para ese cargo.

Un reality show que se repetirá luego en Libia y otras naciones. 

V
Abril año 2002. Siglo XXI... 47 horas más tarde. Los mismo pobres que eligieron a Chávez, deciden que no se la calan. 

Por miles salen a las calles. Gritan. No aceptan que los burgueses se hagan del poder por las malas y a punta de coñazos hacen que Hugo Chávez regrese a su puesto de presidente.

No estaba en el guión original del reality show. Los productores no pudieron siquiera preveer que los pobres entrarían a escena. 

Cada uno cuenta su propio 13 de abril. 

Estamos en pariendo un nuevo abril, uno revolucionario. 

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