jueves, 15 de noviembre de 2018

Más allá del Proyecto Haarp: Experimentos con el clima en América Latina



Por: Ernesto J. Navarro
Para: www.vtactual.com 

Durante años, el controvertido ‘Proyecto HAARP ha sido señalado, por quienes alientan las teorías conspirativas, de manipular el clima a voluntad para causar desastres naturales en cualquier parte del mundo.

Su financiamiento de origen militar, y el silencio alrededor de sus verdaderos alcances, alienta a quienes aseguran que el propósito real se mantiene en secreto y que se trata de un intento para crear un arma experimental con capacidad para adulterar al clima a voluntad.

Pero mientras la opinión pública mundial posaba su mirada en los posibles usos no declarados del HAARP, una serie de proyectos de geoingeniería, que se proponen manipular el clima de manera deliberada, parecen adelantarse sin mayores oposiciones. 


En desarrollo 
Organizaciones de todo el mundo  han denunciado la existencia de experimentos climáticos a espaldas de las sociedades y con el apoyo velado de algunos gobiernos.

Hasta el momento, se conoce de cuatro experimentos que reciben financiamientos públicos y privados para conseguir alterar el clima. Sus nombre son: 

  • ‘ScoPEx’- Experimento de Perturbación Controlada por la Estratosfera (Universidad de Harvard EE.UU.) 
  • ‘Ice911’ – Restauración del hielo del Ártico. 
  • ‘Marine Cloud Brightening Project’ – Blanqueamiento de Nubes Marinas (Universidad de Washington, EE.UU.) 
  • ‘Ocean fertilization’ – Fertilización Oceánica (Empresa Oceaneos)

Aunque cada uno de esos proyectos tiene como argumento la búsqueda de soluciones a los problemas derivados del cambio climático, existen quienes difieren de esa buen intención.

Para las organizaciones que suscriben el informe “El gran fraude climático”, la geoingeniería “está ganando aceptación en países altamente contaminantes”, y se presenta a la opinión pública como una solución tecnológica al cambio climático, pero quienes la promueven son “esos países que se niegan a cambiar sus economías basadas en combustibles fósiles“.

Esa es la razón por la que proliferan los programas y proyectos de investigación sobre geoingeniería, “planeados y financiados por la industria e instituciones privadas, principalmente en los países que son grandes emisores de gases de efecto invernadero, como Estados Unidos”. 

¿Conoces la geoingeniería? 
Una de las definiciones más difundidas precisa que la geoingeniería es la manipulación humana, intencional y a gran escala, de los sistemas climáticos de la Tierra. 

El informe titulado “El gran fraude climático” (Grupo ETC, Biofuelwatch y la Fundación Heinrich Böll) indica que “a pesar de una larga historia de debates en el ámbito militar, actualmente la geoingeniería es menos discutida como tecnología de guerra que como una riesgosa, pero potencialmente necesaria, ‘compostura’ técnica para el cambio climático, es decir, una prudente ‘póliza de seguro en el caso de una inminente crisis climática”. 

Experimentación regional 
A principios de 2018, el presidente Michel Temer convirtió a Brasil en el primer país del mundo en aprobar una resolución que permitirá la liberación al medio ambiente de organismos con impulsores genéticos. 

Pero no se trata de la única experimentación que se desarrolla en Latinoamerica. Activistas a favor de medio ambiente han denunciado a la empresa Oceaneos por intentar realizar la llamada fertilización oceánica en aguas de Chile y Perú. 

La finalidad declarada del experimento es hacer más productivas las aguas para la pesca, rociando partículas de hierro en las capas superiores del océano.

Ante los reclamos de varios sectores, Oceaneos se ha visto obligada a declarar que la fertilización “no es geoingeniería”, sino que se deriva de un proceso natural. 

Riesgos 
En otras palabras, explica Sam Leiva, coordinador de proyecto Protección del Océano de la Fundación Terram de Chile, pretenden lanzar al mar “una gran cantidad de hierro con el objetivo de manipular el crecimiento del fitoplancton, que es la base de la cadena alimenticia en los mares”.

Los defensores del proyecto han comentado que adhiriendo este nutriente al mar, los eslabones menores de la cadena trófica crecerán, aumentando su disponibilidad. Eso permitiría que las pesquerías explotadas (jurel y anchoveta) crezcan más de lo que lo hacen naturalmente debido a que contarían con una mayor abundancia de alimento.

“Sin embargo, la información sobre cómo se hará es vaga”, señala Sam Leiva.

Lo que ha trascendido es que Oceaneos aspira liberar 10 toneladas de hierro en algún lugar, a 70 millas de la costa de la ciudad de Coquimbo, ubicada a 500 km al norte de Santiago (Chile). Pero ninguna de las instituciones públicas chilenas, que deberían tener relación con el experimento, ha recibido detalles de la empresa.

Lamentablemente, añade el investigador chileno, “no se sabe hasta dónde podrían llegar los impactos del proyecto de fertilización con hierro, debido a las enormes dudas que existen en su aplicación” y tampoco se puede predecir el “impacto en otras especies” que podrían verse influenciadas en su crecimiento debido a la mayor disponibilidad de nutrientes. 

Sin legalidad 
Desde 2010 rige el Convenio de Diversidad Biológica de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que, además de ser un tratado internacional jurídicamente vinculante, impuso una moratoria planetaria a los experimentos de geoingeniería climática.

Por lo cual, los experimentos en pleno desarrollo se encuentran fuera de la legalidad.

A eso hay que sumarle que “la geoingeniería es muy poco conocida en América Latina”, dice Leiva, y aquellos que manejan públicamente este tema, “la relacionan con la intención de manipular el clima para hacer frente al cambio climático”.

Lo que no dice la empresa Oceaneos, denuncia Sam Leiva es que detrás de su experimento se encuentra el deseo de desarrollar patentes “para secuestrar carbono a través de la fertilización con hierro”, en aguas chilenas.

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